Rancho La Peña: entre barrancas, sabores y aventura en Atotonilco el Grande

Rancho La Peña: entre barrancas, sabores y aventura en Atotonilco el Grande

Crónica | Mtra. Cathia Zulema Jiménez Hernández

Atotonilco El Grande Hidalgo | Agosto 2026

Confieso que cuando me dijeron que en Rancho La Peña había un balcón de cristal en medio de las montañas, lo primero que pensé fue: “¿Y sí me voy a subir?”, porque una cosa es verlo en una fotografía y otra muy diferente estar ahí, frente al cristal, contemplando la profundidad del paisaje mientras uno intenta convencer al corazón de que todo está perfectamente bien.
Pero vamos por partes, llegar a Rancho La Peña, en Atotonilco el Grande, Hidalgo, es comenzar a bajar el ritmo, poco a poco el paisaje cambia y aparecen montañas, caminos y barrancas que recuerdan que nuestro estado conserva rincones que todavía tienen mucho que mostrar y muchas historias por contar.
Y entonces después de un pequeño recorrido mientras el anfitrión nos va contando la historia del rancho y de cómo comenzó, aparece el balcón de cristal, te acercas, miras, respiras. Y sí… también sientes un poquito de vértigo, desde ahí, la recompensa es el paisaje, las barrancas y montañas se extienden frente a los ojos y por algunos minutos uno simplemente quiere quedarse contemplando el horizonte, pero en Rancho La Peña quedarse solamente mirando no es opción.
Para quienes buscan emociones un poco más fuertes, el rancho cuenta con tirolesa, puente colgante que también es imponente, he de confesar, paseos a caballo y recorridos en cuatrimoto, además dispone de un sencillo aviario, sumando una alternativa diferente para quienes prefieren realizar el recorrido con mayor tranquilidad, hay adrenalina para quien la busca y espacios para quien solamente quiere caminar, respirar aire fresco y disfrutar del paisaje.
Sin embargo, mientras recorríamos el lugar descubrimos que Rancho La Peña guarda otra historia, una que quizá no es tan evidente en las fotografías, la historia del campo, ahí se produce jitomate, pepino, elote y nuez, y esa actividad permite descubrir otra faceta del rancho y entender que detrás del atractivo turístico existe también una relación cotidiana con la tierra.
Fue durante el recorrido cuando la conversación con Teodoro Sánchez Cuenca, gerente de Rancho La Peña, cambió mi manera de mirar el lugar, nos habló de lo que actualmente realizan, pero también de lo que quieren hacer, de los proyectos que tienen en mente, de aquello que todavía pueden mejorar y de la intención de incorporar cada vez más prácticas que permitan avanzar hacia un turismo sostenible y un mayor cuidado del entorno, y tengo que confesar algo: ¡me emocioné!.
Porque una cosa es visitar un lugar bonito, tomarse una fotografía y seguir el camino y otra muy distinta es escuchar a las personas que están detrás de un proyecto hablar con entusiasmo de lo que quieren construir, de lo que todavía falta por hacer y de cómo imaginan ese lugar dentro de algunos años.
Ahí entendí que Rancho La Peña no quiere quedarse solamente con su balcón de cristal, la tirolesa, los caballos o las cuatrimotos, hay una visión detrás, una intención de aprovechar responsablemente los recursos del lugar, fortalecer la producción del campo, cuidar el entorno y lograr que quienes llegan como visitantes también conozcan y valoren lo que esta tierra produce.
Y entonces llegó otro de los grandes momentos de cualquier recorrido por Hidalgo: la comida, porque si algo sabemos los hidalguenses es que una buena experiencia casi siempre termina —o comienza— alrededor de una mesa.
En Rancho La Peña la gastronomía conserva ese sabor de la cocina de campo, de los guisos tradicionales y de los ingredientes que forman parte de la vida cotidiana del lugar, en su cocina se preparan platillos como costilla de puerco con nopales y manitas de puerco en salsa verde; también están esos antojitos que después de recorrer el rancho resultan difíciles de rechazar: sopes de bistec, sopes de mollejas, quesadillas verdes y rojas y bebidas elaboradas obviamente con limones que ahí también se producen.
Pero hay algo todavía más sencillo que me encantó por lo que representa: el huevo de rancho, las gallinas que se crían en el lugar ponen los huevos que posteriormente llegan a la cocina, se pueden disfrutar en sopes o preparados de distintas maneras: estrellados, hervidos o asados. Y entonces aquello de “del rancho a la mesa” deja de ser solamente una frase. Mientras minutos antes hablábamos del campo, de los cultivos, de la producción y de aprovechar mejor los recursos del lugar, frente a la comida esa conversación comenzó a tener sabor.
Porque conocer un rancho también significa descubrir de dónde vienen sus productos, cómo se transforman en la cocina y cómo aquello que se cultiva o se produce puede terminar formando parte de la experiencia del visitante. En Hidalgo muchas veces conocemos el paisaje con los ojos, pero también lo descubrimos sentados a la mesa.
Al terminar el recorrido me di cuenta de que lo que más recordaba no era solamente el balcón de cristal, la tirolesa o los paisajes, era aquella conversación, porque los destinos turísticos no se construyen únicamente con atractivos, se construyen con personas que creen en ellos, personas que imaginan lo que un lugar puede llegar a ser y trabajan para conseguirlo.
Quizá esas son también las historias que necesitamos contar con mayor frecuencia desde Origen y Destino de Hidalgo: no solamente decir dónde podemos viajar, qué podemos comer o dónde podemos tomarnos una fotografía, sino descubrir quiénes están haciendo posible que nuestros destinos crezcan, se conserven y encuentren nuevas formas de recibir a quienes los visitan.
Rancho La Peña tiene aventura, tiene paisaje, tiene gastronomía, tiene campo, pero también tiene algo que, después de conocerlo, para mí adquirió todavía mayor importancia: un proyecto con ganas de seguir creciendo y una visión puesta en el futuro.
Y sí…Al final me subí al balcón de cristal, sobreviví al vértigo, pero lo mejor de aquella visita no fue mirar hacia abajo fue descubrir que, desde ese rincón de Atotonilco el Grande, hay personas que están mirando mucho más lejos, están mirando hacia el futuro.

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